JESÚS VEGA
Conferenciante y escritor

El regreso de los zombis

Publicado el 17-05-2010 por

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Éstos son quizá mis últimos momentos. Estoy grabando mis últimas palabras encerrado en el armario de material de oficina de mi empresa, donde me he escondido para evitar que los zombis que han invadido el edificio entero me convierta en uno de ellos. Soy el último superviviente, pero mis horas están contadas. Los muertos vivientes se han apoderado de la empresa y es demasiado tarde para evitarlo.

Lo peor es que todo empezó casi como una anécdota. En mi compañía no había zombis: los gestores nos habían comunicado de forma entusiasta los retos que la empresa pretendía conseguir, los profesionales estábamos razonablemente bien pagados y los directivos tenían un trato cordial pero exigente al mismo tiempo.
Sin embargo, un día pasó algo que lo cambiaría todo: la dirección decidió sustituir al director de un departamento, ya que no estaba alcanzando un nivel mínimo de resultados. Se le asignó a una función sin responsabilidad. El director, sin motivación alguna, empezó a experimentar cambios importantes en su fisionomía. Su forma de andar empezó a ser cada vez más lenta, sus hombros caían, verdes espumarajos colgaban de su boca. Y empezó a gruñir, no de forma muy perceptible, pero si continua.

Su mutación en zombi causó una cierta gracia. Como se movía de forma muy lenta y torpe por los pasillos (su principal actividad), era muy fácil evitar sus mordiscos. No obstante, un día arrinconó en la maquina de café a un administrativo que estaba muy enfadado porque su jefe no le hacía caso. Antes de darse cuenta, se convirtió en otro zombi. A partir de ahí, todo fue mucho más sencillo para ellos. Captaron descontentos por el salario, por los viajes, por las jornadas, por el recorte de gastos...

La dirección no reaccionó. No fue capaz de darse cuenta que cada zombi era capaz de contaminar a departamentos enteros. Los veían pasar desde sus despachos pero no los distinguían de los empleados que no eran muertos vivientes, de lo ocupados que estaban. Hasta decidieron poner en marcha una encuesta de satisfacción, y los resultados no fueron tan malos (los zombis se comían sus encuestas).

Finalmente llegaron a la planta de dirección. Mordieron a un directivo que descontento porque no le habían dado el coche de empresa del color que quería y, como los directivos no salen mucho de sus despachos, fue fácil arrinconarlos. Los profesionales que no habían sido afectados por el virus que transmiten los mordiscos (llamado D3Sm0T1vAC10N) sufrían una persecución feroz.
"Oigo un gruñido que se acerca al mueble donde estoy escondido. Creo que me han encontrado. Por favor, ¡no cometa los mismos errores que..." La grabación terminó ahí. Desde entonces, a pesar del dramático llamamiento del profesional que nos dejó su último testimonio, otras empresas han ido sucumbiendo en las garras de los muertos vivientes. Depende de identificar los problemas: de resolverlos cuando sea posible o de extirparlos cuando no lo sea. De tomar decisiones. De comunicar y comprometer. De identificar las dinámicas y las personas que contagian de forma negativa nuestros profesionales. ¿Va a dejar que los zombies se hagan con su empresa?

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