JOSE MANUEL CASADO
Presidente de 2C Casado Consulting

¿Error público o hipocresía privada?

Publicado el 11-05-2010 por

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En ocasiones se critica vehementemente, y por muchos que no suelen ser los más indicados para hacerlo, a los sistemas retributivos de la Administración Pública, porque se argumenta que sólo parecen premiar la antigüedad, que este concepto es obsoleto y que, por si mismo, no debería ni siquiera ser considerado en una gestión moderna. Y esta crítica la hacemos en la empresa privada con una cierta gratuidad ya que, en el fondo 'los mayores' de estas empresas que, curiosamente, suelen ser los que están en posiciones de poder, hacen los mismo: garantizar que ellos, los que llevan más tiempo en la organización y los que tienen más poder y ya cobran más que los demás, continúen haciéndolo.

Es este un comportamiento un tanto hipócrita, pero frecuente, en el que lo de menos es la cantidad y lo de más es la calidad. He visto muy pocas empresas en las que los directivos de primer nivel, que en la mayoría de los casos suelen ser los más antiguos, cuando aprueban un nuevo sistema retributivo o de compensación consideren sólo el resultado por el bien general de la empresa y por los que vienen detrás y que no garantice para ellos mismos, al menos, lo que tenían en la situación anterior.

Con los sistemas de compensación pasa un poco como con los sistemas de evaluación de puestos de trabajo: al final el procedimiento es modificado, en este caso con fines no siempre equitativos, por los que ostentando el poder y se sintiéndose 'jueces' dictan sentencia de manera privilegiada sobre su puesto o 'parte'. En la retribución el directivo de primer nivel diseña el sistema o lo modifica para mantener o mejorar su retribución y en el de la valoración de puestos mediante el incremento artificial de puntos para demostrar que su responsabilidad y posición están por encima de otros de menor nivel o rango.

Es un error público. No defenderemos aquí los sistemas retributivos que sólo premian la antigüedad; perotampoco defenderemos la falsedad de aquellos otros que criticando lo que hacen los demás, les imitan en lo más básico.

Defenderemos los procedimientos y sistemas justos que discriminen sin ser discriminatorios; aquellos sistemas que premien más al que más se esfuerce, consiga y aporte.

En las representaciones de las tragedias griegas, tras el primer actor llamado rapsodos, en el siglo V a. C. se introdujo un segundo actor –hypokrites– que pretendía comunicar a los espectadores la impresión de veracidad sobre bases totalmente ficticias y falsas. Con el tiempo, esta palabra del mundo del teatro, pasó a ser utilizada en la vida diaria para calificar al que finge no ya con la intención de divertir, sino de engañar.

Tal vez sea mejor quedarnos sólo con rapsodos en el teatro de la empresa y saber a lo que jugamos. Quizá sea más conveniente cometer el error de retribuir por la antigüedad y cobrar por el tiempo de estancia en la empresa que jugar a un juego en el que las normas parecen bonitas, atractivas, modernas e incluso divertidas, pero en el que el resultado de estas reglas garantiza sólo la ganancia de los de siempre, unos cuantos poderosos y acomodados en la poltrona de la empresa que ostentan el poder. Porque esto, además de ser un 'error privado' es una enorme "hipocresía pública".

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