EL TÓPICO

Trátalo con cariño...

Publicado el 19-04-2010 por Pilar Cambra.

¿Amar el propio trabajo? ¡Tú estás pirada, Cambra!... Soportar el trabajo, llevarlo lo mejor posible, aguantarlo ¡vale! Pero, ¿tomarle cariño? ¡Amos, anda! Eso es sólo para héroes o santos.

No soy muy buena para medir las distancias pero, a ojo de buen (mal) cubero, diría que esos dos negocios de mi barrio no están separados por más de 200 ó 300 metros…

El primero de ellos es una librería y, el segundo, un hipermercado que pertenece a una gran cadena nacional… Entre ellos, como digo, no hay más de 300 metros de distancia "física"; y, sin embargo, la entraña de esos negocios –que no es otra, como en toda empresa, que el personal que los lleva, que los saca adelante– está tan alejada una de la otra como la Tierra del Sol. Por ejemplo…

Y es que la librería no es – o no es sólo – un establecimiento en el que se venden libros… Basta contemplar sus escaparates –que son como pequeñas e iluminadas ventanas que se abren a otros mundos, a todos los mundos soñados– para percatarse de ello: los volúmenes expuestos no se eternizan y amarillean; se cambian cada semana e, incluso, con mayor frecuencia; a menudo son "monográficos": viajes por un lado; novelas por otro; cuentos para niños; ensayo; ¡hasta poesía, oigan, con lo complicado que es encontrar clientes para los versos!

Entras en la librería… Y lo primero que te sale al encuentro es la sonrisa de las tres personas que allí trabajan: una señora bastante mayor –que, por frases suyas que he ido recopilando un día y otro día, fundó la librería hace una treintena de años–; una chica joven que parece haberlo leído todo con fruición; y un caballero que encuentra tu pedido en lo más recóndito de las estanterías que ocupan sótano, planta baja y primera planta.

En lo segundo que te fijas es en las sugerencias que esa librería te hace: desplegados sobre las mesas, un banquete de títulos que no son necesariamente los más vendidos, los más publicitados, sino los que, por una razón u otra, huelen a calidad… Pueden ser clásicos o novedades; pueden responder a tus preferencias o no… Pero te percatas que quien los ha dispuesto como platos suculentos sabe lo que hace, le gusta y ama lo que hace.

Y, en tercer lugar, jamás adquirirás un libro allí –o tomarán nota de tu petición, de tu número de teléfono si el volumen no figura en las existencias; y no pasará mucho tiempo sin que te avisen de que "ha llegado"– sin llevarte, gratuitamente, un comentario amable y acertado sobre tu compra, sobre cómo marchan las ventas de esa obra, precisamente de esa y no otra… ¡Ah!: nada de bolsas de plástico para llevarte el libro; será amorosamente envuelto y depositado en una simpática bolsa de papel –reciclado y reciclable, naturalmente– en la que se han impreso en grandes caracteres estas frases: "Yo leo libros… Y los compro en librerías".

Recorramos ahora los trescientos metros que nos separan del hipermercado… El pasado miércoles de Semana Santa fui allí a hacer la compra; no estaba nada segura de haber adquirido todo lo que necesitábamos de modo que, con el carro ya rebosante, le pregunté a uno de los empleados que encontré en los pasillos: "¿Abren ustedes mañana, Jueves Santo?"… El trabajador me miró de arriba abajo, como quien contempla un asqueroso bicho verde llegado de un terrible planeta y, desabridamente, me vociferó: "¿Abrir mañana?... ¡Pero usted que se ha creído!... ¡Nosotros también tenemos derecho a descansar!"

Ante tamaña reacción, mezcla de mal humor y de evidente odio por la tarea que desempeñaba aquel empleado me quedé más cortada que una mona y sólo me atreví a responderle en voz muy baja: "¡Claro que tienen ustedes derecho a descansar!, ¡por supuesto!, ¡perdóneme si le he molestado!... Pero yo sólo le he hecho una pregunta sin intención alguna de ofenderlo…". ¿Y qué sucedió a continuación?: pues que el empleado se dio media vuelta y se marchó a seguir haciendo no se sabe qué, excepto que es seguro que ese "no se sabe qué2 que constituía su tarea lo tenía más frito que un calamar a la romana.

¿Que no es lo mismo vender libros que vigilar si faltan yogures desnatados en el refrigerador correspondiente? ¡Evidentemente! Como tampoco es lo mismo ser un cirujano plástico que picador en una mina… Y, sin embargo, la naturaleza del trabajo poco tiene que ver con el amor, con el trato cariñoso o zarrapastroso que cada uno de nosotros le da a su tarea… Porque seguro que hay cirujanos plásticos que maldicen cada segundo de sus operaciones y seguro, también, hay picadores en las minas que ponen cuerpo, mente y entusiasmo en su empeño laboral.

A ver si nos aclaramos: yo no pido, como la canción mexicana, aquello de "trátalo con cariño, que es mi persona" referido al cliente… Lo que me parece útil y estimulante es que cada uno de nosotros trate, si no con cariño, al menos con respeto la tarea que tiene encomendada. Los clientes son, sencillamente, una consecuencia de ese respeto, de ese cariño.

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