José Manuel Casado
Presidente de 2C (Casado Consulting)

Valor corporativo y de mercado

Publicado el 29-03-2010 por

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Simplificando, el progreso socioeconómico depende de tres factores fundamentales: de la competitividad de los países que tratan de conseguir la prosperidad; de la competitividad de las empresas que luchan por lograr la rentabilidad y el beneficio; y, por supuesto, de la competitividad de los individuos que procuran alcanzar el mejor bienestar.

Se considera que, si hace dos o tres siglos la batalla se libraba entre los países motivados por la religión o/y el imperialismo, y la pregunta era ¿cómo puede mi país competir con otros?, desde hace un par siglos el protagonismo pasa a las empresas y la cuestión se construye sobre cómo mi compañía puede ser más competitiva que otras organizaciones en liza. Pero en el momento actual los países y las firmas se quedan tras bambalinas y el individuo, es decir, la persona, pasa al centro de la escena y toma todo el protagonismo de la obra. Quizá por ello la revista Time nombró hace un par de años como persona del año al individuo, a todos y cada uno de nosotros.

Hoy es más importante que nunca que cada uno se haga cargo de su propio destino y que gestione su propia vida y la apreciación de su valor profesional en el mercado, como si de una empresa se tratara. Ahora que la crisis depredadora deja sentir sus afiladas garras, muchos individuos que sólo tienen un conjunto de destrezas y competencias valoradas únicamente por su actual compañía están haciéndose cada vez más vulnerables.

Hay una gran diferencia entre tener valor para una empresa determinada y tener valor para el mercado. Muchas profesionales que voluntaria o forzadamente dejan o salen de las grandes firmas se frustran al comprobar que su valor, y el salario que cobraban, se derivaba únicamente de la empresa para la que trabajaban. Los profesionales actuales no deben perder nunca de vista el valor que tienen en el mercado y han de estar seguros de que sus competencias son valoradas por otras compañías que estarían dispuestas a pagar, más o menos, lo mismo que paga la actual por su trabajo.

Puede observarse con ojos de incredulidad como un importante porcentaje de altos directivos de muchas firmas que cobran cantidades astronómicas en sus corporaciones no cobrarían en el mercado de trabajo más que las largas colas del INEM y renovaciones periódicas de la inscripción en el paro hasta su jubilación. Ahora piense: El salario que está usted ganando, ¿le sería pagado por otra empresa distinta? Es decir, ¿a usted le pagarían lo mismo que gana hoy en su compañía o podría conseguir trabajando por su cuenta la misma cantidad o una similar que la que cobra ahora en su empresa? Si cree que no, –por cierto, como hay muchos– intente invertir en usted mismo; considérese como si fuera una empresa, porque usted es el mejor de los activos que tiene; hágase un plan para ganar valor cuanto antes en el mercado y no menosprecie el gran valor que tiene su marca personal.

Sin embargo, si considera que sí, que el valor corporativo que tiene se corresponde, o es menor que su valor de mercado, ni se preocupe y siga así, porque entonces está gestionando muy bien su propia marca personal y el valor de su principal activo: usted como individuo y como empresa.

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