Lo hago por ti

Publicado el 25-01-2010 por Pilar Cambra

Es trágicamente inevitable… Hay que decirlo así, todo junto y de corrido: "Haití-el-país-más-pobre-de-América"; pero también la nación con más ONG del continente, un trabajo a considerar…

Religiosos y laicos –supongo que también no creyentes y ateos–; médicos y educadores, expertos en formación profesional y, otros, en cuidados a la infancia; gentes que enseñan a otras gentes a cultivar la tierra y a sacar el máximo de los recursos hídricos…

Y es ahora cuando nos enteramos –porque muchos de ellos han muerto o han sobrevivido para ofrecer al mundo entero su testimonio– de que Haití, la isla maldita por una sucesión de Gobiernos corruptos hasta los inimaginable, por catástrofes naturales que no le dan tregua, por una pobreza sin límites, tenía una pequeña pero indomable e insumergible tabla de salvación a la que se agarraban bastantes haitianos para sacar la cabeza y elevarla hacia un horizonte algo más prometedor que la estricta supervivencia, un futuro en el que la isla pudiera sacudirse de encima el estigma de "el país más pobre de América".

Tras el terrible terremoto sabemos que han quedado arrasados colegios y orfanatos de muchas órdenes religiosas en los que se daba cobijo y formación a algunos de esos muchachos y críos que vagaban solos por ahí, por todo Haití, y a los que hoy se suma el millón de niños que han quedado huérfanos a causa del seísmo… Y lo sabemos, entre otras cosas, porque esos colegios y orfanatos ya no existen.

Sabemos, también, que el temblor ha destrozado las instalaciones permanentes que tenían en Haití desde la propia ONU y sus organismos de ayuda hasta Médicos sin Fronteras, Ayuda en Acción, Cáritas…

Sin embargo, creo que muy pocos conocían el dato de que Haití era la nación de América con más ONG de uno u otro signo por kilómetro cuadrado… Ni la menor idea de ese ingente y sacrificado trabajo… Un perfil tan bajo de semejante tarea que, prácticamente, era un perfil sumergido…

Ahora, en cambio, las imágenes de los bomberos que consiguen rescatar a supervivientes excavando en las ruinas son foto de primera página en todas las publicaciones del mundo. Y con toda justicia…

Ahora, en cambio, las noticias muerden los talones a cuantos se han ido hasta Haití para trabajar en la ayuda humanitaria: desde los expertos que tratan de restablecer el suministro de agua potable hasta el personal sanitario que venda, medica, incluso opera en plena calle si hace falta. Y ese seguimiento es justo.

¿Qué diferencia hay entre este trabajo bajo los focos y el anterior, que permaneció tanto tiempo en la sombra?, ¿es mejor esta tarea que la que lleva desarrollándose años y años? Por supuesto que no es mejor: es idéntica… La diferencia es que, ahora, "vemos" a las personas atendidas, "conocemos" a los sedientos, a los hambrientos, a los heridos, a los huérfanos, a los que se han quedado sin techo, a los enloquecidos por el dolor… Ahora, en definitiva, las imágenes nos muestran constantemente una tarea "de tú a tú"… Haití se ha convertido en un estremecedor escaparate de trabajo "de cara al público" y, por consiguiente, parece que lo que se hace allí tiene un valor inmenso. Como si lo que se hizo antes – y se seguirá haciendo cuando los focos desaparezcan – no lo tuviera.

¡Qué extraño y que injusto!, ¿verdad?... ¿Y no es cierto, también, que si nuestro trabajo, el de cada cual, no tiene una repercusión inmediata, no "visualizamos" la satisfacción –o el desagrado– de aquel –o aquellos– a los que servimos nos sentimos un tanto –o un mucho– frustrados, desganados, invadidos frecuentemente por el desánimo?

A veces sentimos envidia de cuantos llevan a cabo una labor en la que el contacto personal con el cliente es constante… ¡Vamos: que es la esencia de esa labor!: camareros, taxistas, dependientes, médicos, abogados; por supuesto que no todo son alegrías; al contrario: la lluvia de protestas, de malos modos de la clientela también puede ser el pan de cada día.

Pero, al menos, quienes desempeñan esos trabajos "visualizan" de inmediato el grado de calidad, de acierto, de mérito de sus tareas. En cambio, ¡vaya usted a saber si nos da besos de tornillo o lanza sapos y culebras por su boquita el cliente que está al final de una infinita cadena de producción, de servicios en la cual, nosotros, los currantes, nos hallamos al principio!

La clave para no perder el ánimo, ni la ilusión es que nuestro lema sea, estemos dónde estemos, "lo hago por ti", tengamos ese "ti" frente a frente o a miles de kilómetros de distancia, se trate de un conocido o de una gran incógnita… Y por ese "ti" hay que trabajar bien y no mal o regular. Porque, sinceramente, hay una cierta tendencia al escaqueo, a la vaguería, a la chapuza si el cliente, el "ti", es como una especie de espectro sin rostro, como un "hombre invisible".

Trabajar siempre bien, como las ONG en Haití: sea bajo los focos o en la más ardiente e impenetrable oscuridad.

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