GUIDO STEIN
Profesor del IESE y presidente de Eunsa

Empezar por lo primero

Publicado el 18-12-2009 por

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No acabo de entender lo que el presidente del Gobierno o sus asesores tienen realmente en sus mentes cuando nos hablan de la Economía Sostenible como la solución expedita de nuestras actuales miserias económicas y laborales. Dada la gravedad de la situación que padecemos, ese remedio me recuerda al Bálsamo de Fierabrás, del que Don Quijote le decía a su fiel Sancho que "con una sola gota se ahorrarán tiempos y medicinas... Me darás a beber solo dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana".

Mucho me temo que esta propuesta no sea el final de nuestras sorpresas. Me malicio que nos va a pasar lo que narra Cervantes, cuando deseando Sancho hacerse con la fórmula aún al precio de renunciar a su reinado sobre la Isla de Barataria, recibe como contestación la advertencia del Hidalgo de La Mancha: "Calla amigo, que mayores secretos pienso enseñarte, y mayores mercedes hacerte".

Mientras confiamos en ese advenimiento les voy a contar lo que he aprendido en Budapest durante el pasado fin de semana. Fui invitado a compartir un par de días con un grupo de dieciocho estudiantes universitarios de extraordinario talento, de poco más de veinte años, que por la mañana asisten a las universidades de la capital magiar y que por las tardes y los fines de semana complementan su formación con seminarios sobre temas culturales, sociales, políticos o económicos relevantes. Viven en lo que yo denominaría un Centro de Alto Rendimiento Intelectual enfocado a las ciencias sociales. Su fundación, hace media docena de años, se debe a un empresario húngaro, Balázs Tombor, represaliado por los comunistas, primero durante la dictadura soviética y luego tras la vuelta al poder en las segundas elecciones democráticas de los mismos perros, pero con distinto collar. Los recursos son privados, de él y de otros empresarios que creen que el futuro pasa por la educación. Una fe demostrada con la aportación de dinero propio, sin retorno para ellos, con un gran ánimo de que se lucren los jóvenes.

Los estudiantes pagan una cantidad testimonial; son escogidos de entre los mejores expedientes del bachillerato, a quienes se conoce personalmente para pulsar sus ganas por aprender. Como se sabe, no basta con la sola inteligencia; se necesita también la motivación que uno ha de traer de casa: la aptitud se alimenta de la actitud y simultáneamente se refuerzan.

Ya lo decía Ortega y Gasset: "Democracia de oportunidades y aristocracia de méritos". Después de aprender de ellos al tratar de explicarles el método de enseñanza de las escuelas de negocios occidentales, tuve la ocasión de hablar a fondo con el responsable de la iniciativa. Dado que la profesión académica te hace algo malpensado, no dejé de indagar en las razones de semejante generosidad. La explicación era obvia, y como acontece a menudo con lo obvio, difícil de advertir. El amor a su país le había llevado a empeñarse junto a otros en preparar a jóvenes para el mejor desempeño del que sean capaces. El cambio de régimen político no es suficiente. Y es que nos la jugamos en la educación. No en la manipulación de la educación. Por cierto, el lema de la institución es. "bonus intra, melior exit".

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