
Jesús Vega, conferenciante y escritor
Publicado el 07-12-2009 por
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Contreras ha sido promocionado finalmente. Va a ser Contreras, el director. Tantos años de trabajo, tantas horas de preocupación y desvelos, tanta energía dedicada a un peloteo humillante (tanto para el que lo da como para el que lo recibe) han tenido su recompensa. Por fin, Contreras va a ser responsable de un equipo. Va a tomar decisiones sobre el presente y el futuro de otros profesionales que, de repente, cambian de nombre. Antes eran compañeros. Ahora son subordinados.
Nuestro amigo Contreras empieza su tarea con energía e ilusión. No todos los días uno es promocionado. Además –así se siente– es como si fuera más alto, tuviera más pelo y su antaño prominente barriga se hubiera reducido unos cuantos centímetros. Pero el tiempo pasa y las fuerzas van menguando. Todo por culpa de esa gentuza que trabaja para él. No logra que hagan las cosas cuándo y cómo quiere. Son "jóvenes malcriados", piensa, "incapaces de comprometerse con nada ni con nadie". Contreras reacciona: despide a un par de ellos e intensifica su tono con el resto de su equipo, entre amenazas y menosprecios. Sin efecto. Al cabo de unos meses, tras haber demostrado ser incapaz de conseguir los resultados que le habían marcado, Contreras es despedido.
Siento mucho lo que te ha sucedido, Contreras. Pero creo que deberías haber puesto más empeño en enterarte de algunas cosas esenciales que están pasando.
1) La ciencia, el arte de la gestión de personas ha evolucionado menos que la sociedad. Olvidamos que vivimos en una era en la que los ciudadanos hemos tomado el control de nuestras vidas, en la que no aceptamos obedecer sin más. Queremos participar, opinar, valorar. No es cierto que los jóvenes sean incapaces de comprometerse. Lo harán si se les ofrecen altos niveles de participación. En entornos donde se valore su opinión.
2) Los patrones de conducta que eran válidos ayer ya no lo son ahora. En la medida en que los cuestionemos continuamente (a través de un estrecho contacto con la sociedad, con nuestros clientes y con nuestro equipo)podremos ofrecer más y mejores soluciones. En este sentido, ¿le sacamos más partido en nuestra gestión diaria a Facebook o al Manual de Políticas de los años 80.
3) Desafiemos los patrones de éxito tradicionales. ¿Quién le pide el título universitario al joven uruguayo que ha triunfado en YouTube con una película casera y a quien Hollywood ha dado 20 millones de dólares para realizar una gran producción? ¿Orientamos realmente la compensación a los resultados o pagamos la mera presencia, aunque sea un poco espectral, en las oficinas?
La principal misión de un líder hoy es incrementar la pasión, el compromiso y la imaginación de las personas de su equipo. Trabajando para eliminar las barreras que su gente pueda encontrar para hacer mejor su trabajo. Seamos sinceros: hoy ocurre lo contrario en la mayor parte de los casos. Somos los líderes los que ponemos a nuestra gente en corrales, limitando su potencial.
Contreras encontrará un nuevo trabajo. En el camino habrá aprendido, se habrá enterado que hoy no es tu posición en la jerarquía lo que te hace triunfar. Habrá aprendido que la clave está en cómo te conectas y en la energía que eres capaz de generar con esas conexiones.