
SANTIAGO ÁLVAREZ DE MON
Profesor Ordinario del IESE
Publicado el 16-11-2009 por
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Un padre y un hijo charlan sobre las opciones de carrera del segundo. El padre, 48 años, directivo hasta hace nada de una multinacional, empieza a hacer pinitos como consultor freelance. Su despido le ha cogido por sorpresa y no le queda otro remedio que probar suerte como autónomo. Su experiencia es un plus a la hora de aconsejar a su hijo, pero no quiere que le mediatice en exceso. El otro día se le ocurrió prestarle el libro de Schein, Career Dynamics. Allí se analizan cinco anclas de carrera, los patrones o criterios preferentes de decisión. Autonomía, seguridad, rigor, carácter emprendedor y gestor son las variables contempladas.
Economista de formación, lo de emprendedor le tira, pero le da vértigo. La precisión y el rigor, sin ser un científico, y tal vez por su querencia por los números, le seduce, y ciertamente aprecia la libertad e independencia de los profesionales liberales. Sabe lo que es ser directivo, su padre lo ha sido toda la vida. Deciden proceder por descartes, eliminando opciones se acercarán a la solución. Profesional por cuenta propia, olvídate, ya tenemos uno en casa. Todo lo más, observa cómo le va a tu padre y anota en tu diario. ¿Emprendedor? Suena muy bien, pero, ¿por dónde empezar? Ganas, sí, ideas, menos, y financiación, cero. Hoy por hoy, descartado. ¿Aspirante a gestor?, puede ser. De hecho está en varios procesos de selección, pero la cosa está chunga. El joven, después de un diálogo con su progenitor, reconoce que prima el valor seguridad. A ese valor debería subordinarse el resto.
Visto el panorama, una alternativa va ganando terreno. Estudiará una oposición de dificultad media para ingresar en el cuerpo de funcionarios del Estado. De este modo, las ansias de seguridad quedarán sobradamente cubiertas. También juega con la posibilidad de ingresar en política: Podría entrar en un partido y hacer carrera dentro del mismo. En la disyuntiva oposición-política, resurge la posibilidad de trabajar por cuenta ajena para una gran corporación española o multinacional. Pequeñas firmas, descartadas. En la crisis, el factor tamaño se ha hecho crucial. Si eres grande y te va mal, con la excusa del impacto social, papá Estado acude en tu búsqueda. El caso de la banca es el más sangrante. En cambio, si eres pequeño, que te zurzan, ahí te quedas con tu chiringuito. Uno más que se liquida con todo el drama personal que supone.
El resumen final aparece meridianamente claro. La mezcla pequeño-emprendedor-autónomo, en términos de seguridad, es la que peor balance arroja. Ellos constituyen la población laboral de mayor riesgo. Por el contrario, funcionario-político, o gran empresa, a poder ser pública, es la que más garantías le ofrece.
Padre e hijo se levantan de la mesa con una sensación de alivio. No hay energía ni ilusión en sus miradas; el concepto vocación ni se ha contemplado, mucho menos la pasión y el placer de dedicarse a lo que te gusta y para lo que tienes talento, pero al menos han llegado a conclusiones realistas y factibles.
Escamado el chaval, y con objeto de eludir riesgos e incertidumbres, hasta contempla afiliarse a uno de los sindicatos mayoritarios. Broche perfecto para una carrera presidida por la diosa seguridad. ¡Y sólo tiene 24 años!