
JOSE MANUEL CASADO
Socio de Talent & Organization Performance de Accenture
Publicado el 26-10-2009 por
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A nadie se le escapa que la ejecución de los trabajos se ha hecho mucho más compleja. Puede que los métodos de organización del trabajo de Taylor o Fayol, de la era industrial, alienaran al trabajador, porque no dejaban nada al arbitrio del propio individuo, y es posible que redujeran la libertad del hombre en el trabajo a una mera acción de movimientos casi automática sobre las máquinas. Pero la complejidad de la ejecución era insignificante; se necesitaba poca capacidad e instrucción para hacer la tarea, un control casi siempre de capataz tipo manchesteriano era más que suficiente. ¿Recuerda Tiempos Modernos, esa magnífica película de Charlie Chaplin? La cadena de montaje luchaba contra la pereza de los materiales y la de los hombres y enajenaba las mentes de los individuos. Las nuevas realidades de la organización del trabajo, en la era de la información o de la conectividad, en la era 2.0, demandan lo contrario, ya que el individuo tiene toda la libertad, y la ejecución de los trabajos requiere de capacidad, criterio y voluntad.
Si tuviéramos que clasificar los tipos de trabajos que existen podríamos incluirlos en tres grupos: transformacionales, transaccionales y tácticos. Los primeros utilizan los materiales brutos y los transforman en productos finales. Los segundos se realizan mediante interacciones fácilmente escritas o automatizadas y, por último, el táctico consiste en la realización de interacciones complejas que requieren un alto grado de juicio y criterio.
En los últimos seis o siete años, el número de puestos de trabajo tácticos ha crecido 2,5 veces más rápido que el de los transaccionales, y tres veces más rápido que el empleo general. Este tipo de empleos supone cerca del 50% de todos los trabajos en el mercado y son el 80% de los puestos de trabajos creados desde 1980. Por ello, el número de trabajadores haciendo tareas que necesitan destrezas complejas se ha multiplicado por más de tres en los últimos 30 años. La tendencia es que este tipo de trabajos siga creciendo, y también el gap con los otros.
Si repara en el perfil profesional que necesitamos para ejecutar estos trabajos tácticos, no se parece en nada a nuestro amigo y alienado Chaplin. Ahora ya –y en el futuro aún más– necesitamos contar con “las ganas de la gente”. No vale con saber hacer muy bien el trabajo; hay que “querer” hacerlo, y en el momento oportuno.
Quizá por ello se habla y se seguirá hablando tanto de talento. Es necesaria gente que sepa y quiera;con talento, considerando que éste es el resultado de mezclar adecuadamente competencia (conocimiento y capacidad) y compromiso, para realizar estas ocupaciones del saber.
Sin embargo, cuando uno repara en la forma en que la mayoría de las compañías gestionan los despidos, (mediante procedimientos sin duda obsoletos y trasnochados, típicos de la era industrial), incluso aquellas que van de guays por la vida –ésas son las peores– y que no reparan en asegurar, ante cualquier medio o auditorio, que son el cutting-edge de gestión de personas son,me temo, las que están matando esas ganas de la gente, al destrozar la confianza , que es sin duda el sustrato del compromiso; elemento fundamental para la ejecución de los trabajos tácticos e ingrediente multiplicador en la alquimia del talento.