Recetas para modernizar la educación superior

Publicado el 28-09-2009 por Quique Rodríguez. Madrid.

España sigue suspendiendo en los informes internacionales cuando apenas queda un año para la puesta de largo del Espacio Europeo de Educación Superior. Pero después de este hito vendrá lo más difícil: transformar la enseñanza para ser realmente útil a la sociedad del Siglo XXI.

Nadie discute ya en España que algo está fallando en nuestro sistema educativo. Los resultados de la enseñanza reglada en nuestro país están a la cola en las sucesivas clasificaciones que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) publica periódicamente.

En la última de ellas, este mismo mes de septiembre, se colocaba muy por detrás de los países de su entorno e incluso a la zaga de otros menos desarrollados que el nuestro. El Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, lleva año y medio en el cargo y es buen conocedor de la realidad universitaria española. Catedrático de Filosofía, ha sido siete años rector de la Universidad Autónoma de Madrid y presidente de la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas (CRUE). El titular de Educación ha prometido trabajar para lograr un gran pacto de Estado, una necesidad por la que se clama desde los ámbitos más diversos de la sociedad desde hace años.

Pero no todo son sombras en un sistema universitario mastodóntico con casi 50 universidades públicas y 25 privadas. También existen centros de excelencia con un sólido prestigio en el mundo de la empresa. "Desde un punto de vista estrictamente académico, la Universidad española es bastante buena, pero está muy encerrada en sí misma. Tiene un estilo funcionarial que lastra la competitividad. Está pensada para el inicio de la era industrial y no responde a lo que necesita ahora un mundo mucho más dinámico. No debe enfocarse a transmitir conocimiento, sino a aprender a aprender, a investigar, a resolver problemas, a emprender", asegura Fernando Fernández Méndez de Andés, doctor en Ciencias Económicas, consultor del Banco Mundial y profesor universitario, que ha ocupado el Rectorado de la Universidad Nebrija hasta el pasado mes de julio, anteriormente la dirección del servicio de estudios del Santander y ahora ejerce de profesor en la escuela de negocios IE Business School.

A pesar del alto índice de fracaso escolar que se produce en las etapas anteriores al sistema, España tiene buenos índices de acceso de la población a la Universidad. Sin embargo, un país que cuenta con tres escuelas de negocios �las tres vinculadas a universidades privadas� entre las mejores del mundo en todas las clasificaciones internacionales especializadas, no consigue situar a ninguna Universidad ni siquiera en puestos interesantes en este tipo de publicaciones.

Así, hay dos listas que se han convertido en la referencia en el sector. En la que elabora el diario británico The Times, las mejores instituciones de nuestro país son las universidades de Barcelona y Autónoma de Barcelona, que ocupan los lugares 186 y 258 respectivamente en el año 2008, de una lista de 400. En el ranking que confecciona la Shanghai Jiao Tong University, sólo la Universidad de Barcelona aparece entre las 200 mejores y otras seis instituciones más entre los puestos 300 y 500. En California hay diez universidades entre las 50 primeras.

Revolución
Las universidades españolas se han volcado en los últimos años en acometer los cambios internos necesarios para converger en el nuevo Espacio Europeo de Educación Superior que surge de la Declaración de Bolonia. El próximo curso, todas las carreras del anterior sistema deben estar adaptadas a los nuevos títulos de grado. Holanda ya tiene promociones graduadas con diplomas Bolonia, mientras que en España algunas universidades públicas aún no han adaptado una sola carrera.

Pero, una vez se alcance esta meta, el verdadero reto será aplicar la filosofía educativa más profunda y transformadora del espíritu Bolonia. Una Universidad basada en el aprendizaje del estudiante y no en la enseñanza del profesor, que se asienta sobre un mecanismo de tutorías y no de lecciones magistrales. El fin de los apuntes en aras de un enfoque práctico y activo, pegado a las tecnologías de la información y la comunicación y el trabajo en equipo.

Antonio Garrigues, gran conocedor y admirador de la educación superior norteamericana, es el presidente del bufete que lleva su apellido y preside además el patronato de la Universidad Nebrija. Cree que hay que acometer un proceso de transformación de la Universidad: "Más allá de Bolonia, hace falta una auténtica transformación. Pero uno de los grandes problemas del país es que la resistencia al cambio siempre ha sido un drama nacional. Ya lo hemos hecho en el mundo político y empresarial, pero en la Universidad está aún muy retrasado. Y lo que se detecta en este mundo es que no hay voluntad de cambio. Es algo similar a lo que sucede en la Justicia. En España hemos afrontado transformaciones maravillosas y profundas, a las que no hay que tener miedo", subraya Garrigues.

José Manuel Casado, socio de talent & organization performance de la consultora Accenture, ha trabajado muchos años en procesos de cambio en las organizaciones. "Todos aquellos que controlan su propio proceso productivo, como los profesores y directivos universitarios, justifican en su conocimiento las ineficiencias. Hay que introducir elementos externos para lograrlo, y conseguir que el malestar con la situación actual motive las ganas de cambiar. Se cambia cuando el coste de hacerlo es menor que el de seguir igual".

Propuestas
Entonces, ¿qué es lo que necesita realmente la educación superior para acompañar al desarrollo social, político y económico del país en las tres últimas décadas? ¿Cómo imitar el éxito de nuestras escuelas de negocios? ¿Cómo tiene que ser la preparación de los jóvenes para responder a las necesidades reales de unas empresas y mercados en permanente transformación?

Garrigues destaca dos líneas de trabajo prioritarias para mejorar la enseñanza de estas instituciones: la incorporación intensiva de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y la internacionalización de estas instituciones; además, destaca que hay que evaluar constantemente a los estudiantes, a los profesores, que deberían ser retribuidos por objetivos y méritos, y a los centros de formación, a través de las clasificaciones por especialidades tan habituales en los países anglosajones.

Santiago Íñiguez ha participado como profesor y decano en la escalada del Instituto de Empresa hasta los primeros puestos de las clasificaciones internacionales de posgrados de dirección de empresas. Ahora es también rector de la IE University, la antigua SEK de Segovia adquirida por esta escuela de negocios.

Íñiguez apunta una serie de reformas estructurales necesarias en nuestro país: "Estas instituciones tienen que tener mayor autonomía y flexibilidad, porque los actuales órganos de gobierno atan al equipo rectoral y hay un exceso de regulación. Es también una cuestión financiera. Si hay autonomía, tienen que ser corresponsables en su financiación. La tasa de abandono es alta, el número de convocatorias excesivo y los costes reales son muy superiores a los de matrícula. Hay que equiparar las tasas a su valor real y a su vez al rendimiento del alumno, acompañando de un programa de becas muy ambicioso basado en los méritos. A medida que ocurra, dar más libertad para captar fondos privados. En Nueva Zelanda, las universidades tienen capacidad para emitir bonos que las financien".

Además, Íñiguez apuesta por adaptar la oferta de programas a un público internacional, haciéndolos más innovadores. De hecho, "en Finlandia y en Gran Bretaña se están produciendo fusiones entre universidades"; introducir más competencia, dejando entrar incluso a centros extranjeros; y reclama, como Antonio Garrigues, más información, mayor transparencia y opinión y publicaciones especializadas.

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