
GUIDO STEIN
Profesor del IESE y Presidente de EUNSA
Publicado el 18-09-2009 por
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"Las crisis se producen –según Aristóteles– cuando los problemas se amontonan y las soluciones tardan en llegar". Esas palabras de hacen 2.400 años no presagian nada bueno para nosotros y nuestro país si dejamos la iniciativa a nuestros líderes políticos, sindicales y empresariales. Estoy convencido de que lo primero que hemos aprendido es que nadie lo hará por nosotros mejor que nosotros, si no lo hacemos nosotros. Cada uno a su nivel. Nadie es imprescindible, pero nadie sobra.
Hemos confirmado lo que nos maliciábamos: Que para muchos, lo de que las personas son el activo más importante era un camelo. Los cinco millones de parados (con perdón) son una prueba ocular.
También hemos sabido que existen empresas, y muchas, que han hecho lo posible por mantener los puestos de trabajo, pasando por la incontrovertible mejora de la eficiencia. Nadie espera que sea fácil.
Pocos dudan ahora de que vivir por encima de las posibilidades tiene un límite en el tiempo. Invitar a copas y que las pague otro, además de poco elegante, da lugar a efectos no deseados para todos. (Colaboro con una compañía que hace dos años multiplicó por cuatro su endeudamiento, pero no para invertir en su mejora productiva, o en innovar en su línea de productos, o en la adquisición de algún competidor: ¡no! Un banco le dio más de 100 millones de euros para repartir un magnífico dividendo a sus recientes accionistas, entre otros a una sociedad del propio banco. Hoy da pena ver lo que fue un gran líder de un sector en el que España era alguien. Está por ver lo que recuperará el banco).
Vayamos al mercado inmobiliario. En palabras de Warren Buffet, "ser propietario de una casa es algo maravilloso. Pero el disfrute y el uso deben ser los motivos principales para la compra, no el beneficio ni las posibilidades de refinanciación. El hogar comprado debería ajustarse al nivel de ingresos del comprador". Nos vuelve a sonar esta lógica.
Hemos redescubierto el valor de amplios márgenes de liquidez, a pesar de lo que digan algunos financieros. Te permite dormir mejor y no tener que estar a expensas de terceros, eso sí, a costa de renunciar a beneficios extra.
Hemos caído en la cuenta de que los negocios no necesitan el glamour del cine. Como dijo hace veinte años con motivo de otra crisis Rafael Termes, refiriéndose al mundo financiero, "si el negocio bancario no es aburrido, malo".
Asimismo, hemos vuelto a recordar que hay algo –el bien común– que está por encima de los egoísmos personales. Ahora sabemos que hay que hablar menos de ética de los negocios y responsabilidad social corporativa y actuar más con los criterios de la dignidad de la persona y de la justicia. La culpa no la tiene la retribución variable (elegida como chivo expiatorio con gran hipocresía), sino el uso que hacemos de ellas.
Sin confianza no hay economía ni sociedad, y sin la preocupación por lo que es bueno para todos, que exige generosidad, no habrá confianza.
Por último, pero quizá sea lo más urgente: Hemos de reaccionar y combatir el miedo, pues no nos deja emprender, lo que a su vez ceba el propio miedo.