
Jesús Vega, conferenciante y escritor
Publicado el 14-09-2009 por
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Nadie le dijo que iba a ser fácil cuando aceptó un puesto que implicaba dirigir personas. Ahora bien, es cierto que ser jefe en estos tiempos es especialmente complicado. Necesitamos mucha más energía para conseguir menos resultados. Y necesitamos mucha más para motivar a nuestra gente. Por otra parte, nuestra humana sustancia nos dice que lo difícil es bello. Por eso elegimos ser jefes y aspiramos a ser líderes.
Puede que la imagen que usted está ahora reflejando en sus colaboradores, en sus clientes, en sus jefes, en sus colegas, sea la de una persona abatida, angustiada. Y usted, con razón, dirá: "Soy humano, con la que está cayendo... ¡Cómo no se me va a notar!". Claro que es humano, pero también es jefe (o empresario). Y, por tanto, usted tiene unas obligaciones que van con su responsabilidad. Asúmalas. Por el bien de su equipo. Por el bien de su empresa. Por su propio bien. El refranero, que es muy sabio, dice: "A mal tiempo, buena cara". El refrán me ayuda a ofrecerle unas sugerencias:
Promueva retos ambiciosos. Si éstos no pueden serlo en términos de resultados, lo pueden ser en términos de calidad. Olvide los periodos anuales y ponga metas más cortas. Las pequeñas victorias dan moral para seguir peleando las guerras. Todo el tiempo y energía que seamos capaces de dirigir hacia la consecución de los objetivos marcados es energía que no se va a perder en lamentos.
No se esconda. Salga de su despacho. No es momento para hacer informes o revisar presupuestos. Ya tendrá oportunidad de perder el tiempo cuando vuelvan los buenos ciclos. Ahora debe estar con sus colaboradores, con sus clientes. En primera línea de batalla. Que todos tengan la sensación de que si se escapa una bala también le puede tocar a usted.
No permita las excusas. Admita sólo planteamientos de problemas que lleven asociadas propuestas de acción. Las excusas son como células cancerígenas: dañan los organismos, se reproducen con mucha velocidad y, una vez que se admiten, es muy difícil extirparlas. Las excusas asesinan la voluntad. Sólo vale conseguir lo máximo que podamos hacer, no llorar por no alcanzar lo que antes nos era más fácil.
Mate al miedo. Los líderes generan intensidad pero son capaces de reducir los estados de ansiedad. El miedo mata las ideas y paraliza las iniciativas.
Escuche las preocupaciones... pero poco. No importa de quién es la culpa ni lo grave que pueda ser una situación. Un capitán de un barco que corre el riesgo de irse a pique lo tendría claro: órdenes claras, empujar a la acción, comportamiento energético y semblante sosegado.
Tome decisiones. La actividad ocupa y permite rectificar. De ahí saldrá una nueva decisión, ya mejorada.
El objetivo es tener a la gente centrada, preocupada, ocupada y con esperanza. Se espera que los padres estén para todos los momentos pero especialmente para los momentos críticos. De los líderes se espera lo mismo. Los buenos futbolistas sueñan con tirar el penalty en la final de la Copa en el último minuto. Los buenos violinistas con debutar en la Scala tocando la pieza más complicada. Los buenos líderes sueñan con manejar una situación de crisis. Felicidades, es su momento