
Publicado el 16-06-2009 por Quique Rodríguez. Madrid.
Ha sido premiada como historia de éxito empresarial. Pero no es una más. Cristóbal Colón, que comenzó como mozo en un psiquiátrico, preside una cooperativa de discapacitados intelectuales y enfermos mentales que se ha erigido como tercer fabricante catalán de yogures.
A los 14 años de edad se vio obligado a dejar su pequeña localidad natal, Zuera, tras el fallecimiento de su padre para irse a trabajar con su tío, sastre en la capital zaragozana. "Eran años duros. Nadie te preguntaba qué querías ser de mayor, sino que de un día para otro te decían: vete a Zaragoza a ganarte la vida", recuerda Cristóbal Colón, que hoy dirige una iniciativa social sin ánimo de lucro que se ha convertido en el tercer fabricante de yogures de Cataluña, sólo por detrás de dos multinacionales, y que da trabajo a 250 empleados, 140 de ellos discapacitados intelectuales (el 60%) o personas con enfermedades mentales severas (el 40%). Una cooperativa que facturó en 2007, último ejercicio cerrado, 8,9 millones de euros, de la que es socio el 85% de la plantilla de profesionales.
Después de cumplir con la mili, como todos los españoles de la época, "en la que te tenías que hacer hombre de golpe", entró a trabajar como mozo en el Hospital Psiquiátrico de la capital maña, con veintitrés años de edad, y comenzó unos estudios en psicología clínica que había aplazado hasta ese momento por sus circunstancias personales. "Había muy pocos médicos. Trabajaban religiosas y todo un ejército de personal sin cualificar como yo, que realizábamos tareas para el servicio de muy baja calidad que se prestaba. Yo me encontraba entre unos pocos que tratábamos de cambiar la realidad de aquel hospital", explica Colón.
Esta segunda experiencia laboral le permitió entrar en contacto con profesionales "que en torno al movimiento antifranquista se agrupaban para introducir nuevas líneas de trabajo en la psiquiatría". Pero esta actitud provocó su despido y decidió cambiar de rumbo y dirigirse a Barcelona, donde siguió su trayectoria en dos psiquiátricos, al tiempo que completaba sus estudios. "Quizá por mi pasado artesanal yo había montado centros de laborterapia en los centros por los que había pasado, convencido de que el trabajo era muy importante para la curación de las personas. Fueron experiencias muy positivas, pero limitadas, por lo que decidí llevar a cabo mi propia iniciativa en el ámbito sanitario", subraya Colón. Y así fue como nació La Fageda en 1982, en la comarca gerundense de La Garrotxa, que pronto se convertiría en una historia de éxito empresarial que acaba de recibir el Premio Factor Humano Mercè Sala, concedido por la fundación del mismo nombre, apoyada por una serie de grandes empresas, como Everis.
La Fageda
Tenía una idea y el convencimiento de que era buena, afirma este emprendedor social, pero "no contábamos con un duro ni con un proyecto empresarial. Dejé el hospital, así que me tenía que ganar el sueldo con el nuevo proyecto". Con la ayuda del doctor Torrel, con el que había trabajado en el psiquiátrico, montó un taller de jardinería, y a continuación una vaquería en la que trabajaban catorce personas inicialmente, entre ellas su mujer, también psicóloga: "Mi esposa es la pieza más importante de este proyecto social", reconoce Colón. En la actualidad, esta iniciativa emplea a todos los discapacitados y enfermos mentales severos de la citada comarca catalana.
En 1985, tres años después de la aprobación de la Ley de Integración Social del Minusválido (Lismi), recibió una subvención y creó la cooperativa, que se convirtió en un centro especial de empleo, entidades sin ánimo de lucro cuyo objetivo es realizar un trabajo productivo y asegurar un empleo remunerado a sus trabajadores minusválidos, además de ser un medio de integración del mayor número de minusválidos al régimen laboral normal. La Fageda es una compañía gestionada por esta cooperativa, pero posteriormente nació también la fundación, a través de la cual se desarrolla el resto de actividades sociales.
"Nuestro éxito empresarial es la mejor herramienta para el éxito social de los empleados. No somos una empresa, sino un proyecto social gestionado por una empresa", afirma Colón, hoy presidente de La Fageda, que añade que los beneficios no se reparten entre los socios, sino que se reinvierten.
Un rebelde de la psiquiatría metido a empresario
Es una de esas personas que cautivan. No rehúye sus orígenes: Se quedó sin padre a los 13 años de edad y tuvo que abandonar su pueblo para trabajar en la ciudad con un tío. "Tengo una sensación permanente cada día de sentirme agraciado en esta vida, después de no haber tenido mucha suerte en el pasado", confiesa Cristóbal Colón, natural de Zuera (Zaragoza), de 60 años de edad, psicólogo clínico por la Universidad Autónoma de Barcelona y antiguo alumno del Programa de Dirección General (PDG) del IESE.
Fue despedido de un psiquiátrico por rebelarse contra la línea oficial de trabajo con los enfermos mentales, por lo que decidió emprender un proyecto social y empresarial por su cuenta. Comenzó montando un vivero forestal con dos monitores y su mujer y ahora es el alma máter de una cooperativa que ha sido objeto de estudio por las escuelas de negocios más prestigiosas del país, como el IESE y Esade, y que ha llegado a presentarse en la Universidad de Harvard.
"Me produce una gran satisfacción ver el interés humano que despierta en los nuevos alumnos La Fageda cuando voy como invitado a estos centros a impartir algunas sesiones sobre el caso de nuestra empresa, en la que el dinero es un medio no un fin, una herramienta. Pero este tipo de planteamientos no tienen por qué no ser eficientes económicamente", explica Colón. Pero el camino recorrido hasta llegar a las aulas de las escuelas de 'management' no ha sido sencillo. "Hemos trabajado como animales. Hemos tenido suerte, pero cuando ha llegado nos ha cogido trabajando. Hemos pasado por malos momentos en los que parecía que el proyecto se caía, pero siempre se salvaba de una manera o de otra".
La tarea social que realiza la fundación gracias a la buena marcha de la cooperativa es lo que más enorgullece a Colón, que cree que el trabajo es un elemento rehabilitador importante en el tratamiento de la discapacidad y de la enfermedad mental, porque aumenta la autoestima de la persona, cambia su papel en la familia y en la sociedad, la hace sentirse útil y reconocida. Él no habla nunca de discapacitados o disminuidos, sino de personas con capacidades diferentes. "Nunca hemos hecho márketing social, no utilizamos el proyecto social para hacer marca", concluye.