
Publicado el 04-05-2009 por Francisco Belil. Presidente de la Cámara de Comercio Alemana para España y Consejero Delegado de Siemens.
La gestión del talento, su desarrollo dentro de la organización y su compromiso con el proyecto empresarial, son hoy, más que nunca, retos esenciales de los directivos para garantizar la competitividad de nuestras empresas.
Pero tras el consenso general que existe en torno a estas premisas, tenemos aún un importante camino por recorrer, a la vista de graves problemas como la escasa productividad de los recursos humanos, el absentismo laboral o la alta rotación del personal.
El talento es un potencial que podemos encontrar en todos nuestros empleados. Pero en muchos casos se encuentra en estado de letargo, a la espera de un directivo con las habilidades necesarias para identificarlo, desarrollarlo y comprometerlo adecuadamente. Algunas situaciones actuales ponen de manifiesto que es necesario un cambio disruptivo en este ámbito.
Por un lado, son frecuentes las jornadas de trabajo interminables y muchas reuniones innecesarias. Por otro, se recurre a las prejubilaciones como método de ahorro de costes, sin valorar adecuadamente el talento de los empleados. Dos de cada tres españoles se jubila antes de los 65 años, y en los últimos años se han prejubilado 500.000 personas.
Del mismo modo, algunas compañías creen estar gestionando adecuadamente la diversidad de sus plantillas forzando cuotas. Difícilmente se puede comprometer a los empleados, si se les hace ver que han sido contratados o promocionados para el cumplimiento de determinadas cuotas.
Una buena gestión del talento comienza por un proceso de selección debidamente planificado, con unos perfiles que tengan en cuenta no sólo los conocimientos y habilidades necesarios, sino también las actitudes creativas. Los directivos que saben gestionar el talento son aquellos que tienen el valor de apostar por una gestión que fomente la creatividad y la ilusión de sus colaboradores. Debemos atrevernos a crear espacios de libertad que permitan a nuestros colaboradores dar respuestas novedosas que nos hagan mejores.
Para una adecuada gestión del talento, debemos transformar nuestro estilo de liderazgo en lo que podemos denominar liderazgo creativo. Ilusionar a las personas es nuestro mayor reto como directivos. Debemos convencer y conmover a los empleados con un proyecto atractivo que integre también sus intereses personales.
También es fundamental que las personas disfruten con su trabajo. Los directivos juegan un papel decisivo en el rendimiento y la satisfacción de su equipo.
La importancia de aprovechar las diferencias individuales y aprender los unos de los otros es también clave. Debemos garantizar la igualdad de oportunidades y realizar de forma firme una apuesta por el talento individual.
Para poner en marcha un liderazgo creativo hay que dar ejemplo y dejar al margen antiguas creencias negativas. Mayor flexibilidad y libertad no significan menor compromiso, pero en España aún se juzga como menos comprometidos, por ejemplo, a quienes se benefician de determinadas medidas de conciliación y esto debe cambiar totalmente.
Por último, si queremos fomentar la creatividad en nuestros equipos, es necesario arriesgar, y aprender a asumir los errores. Hay que erradicar el miedo al fracaso, que por motivos culturales es más fuerte en España que en otros países. De los fracasos también se aprende.
Los avances surgen cuando estamos preparados para el cambio y cuando se cuestiona lo establecido. Las empresas españolas tienen una asignatura pendiente en la gestión del talento, que deben abordar con prioridad. Así conseguirán contribuir a incrementar la productividad y la competitividad de nuestro país.