Publicado el 16-03-2009 por Juan Pablo Ventosa, presidente de Epise.
En este país, que lamentablemente nos amenaza con llegar a cinco millones de personas desempleadas, pronto empezaremos a tener que poner de moda el término "conciliación vida profesional-vida personal" sustituyendo al de "conciliación vida personal-vida profesional".
No pretendo definir qué se entiende por conciliación, ese tema tan de moda en los últimos tiempos. De hecho, creo que no sería capaz de ir mucho más allá de redactar una definición nueva a partir de la consulta a dos o tres buenos diccionarios. Sin embargo, sí que pretendo compartir ciertas reflexiones sobre la materia.
Provengo de una familia numerosa liderada por mis padres, profesionales que escalaron en el ascensor socioeconómico gracias a la educación y al trabajo. Es en mi familia donde aprendí lo que es la cultura del esfuerzo, que la recompensa viene, si llega, del trabajo bien hecho y que éste cuesta siempre más de lo previsto.
Frases lapidarias como "éxito solo va antes que trabajo en el diccionario", cuando mi madre creía que debía esforzarme más. O, en mi primer empleo en la división de consultoría de una de las cinco grandes, cuando escuché de mi padre "con lo que estás aprendiendo más que cobrar, deberías estar pagando". O replicándome en tono sarcástico, cuando me quejaba de alguna cosa del trabajo: "Imagínate si tiene que ser malo esto de trabajar que ¡hasta te pagan por hacerlo!".
Mi educación, el poso que me queda de lo que he llegado a aprender en algún momento, y mi impericia en muchas de las cosas que intento hacer mínimamente bien me han llevado a necesitar largas jornadas de trabajo que, afortunadamente, siempre he disfrutado. Y no sabía porqué disfrutaba trabajando hasta que vi una oferta de empleo de HP en la que citaban a Walt Disney con una frase brutal: "Lo importante no es hacer lo que quieres sino querer lo que haces".
Siempre he creído que el puesto de trabajo es una excelente oportunidad de desarrollo profesional y, en consecuencia, también de desarrollo personal. Sin embargo, bastantes años atrás descubrí que, como casi todo en la vida, no era una verdad absoluta cuando impartí un curso de dos días en una compañía con horario de 8 a 15 horas y varios participantes no asistieron por las tardes porque tenían "asuntos personales" que resolver.
Y es que la moda es la moda, una tendencia lo suficientemente mala como para que no perdure, y nosotros importamos mucha moda de los anglosajones. Como, por ejemplo, cuando nadie sabía lo que era el mobbing, ni tan siquiera pronunciarlo, y se dispararon las demandas por acoso en los juzgados. La conciliación es un tema candente. También está de moda. Y toda moda debe ser provocativa. En el Reino Unido a la conciliación la llaman Life and Work balance. ¡Como si el Work no formara parte de la Life!
En España la venimos llamando conciliación vida personal-vida profesional. Y el tema nos ocupa a Gobierno, sindicatos, empresarios... Nos dedicamos más al asunto de la conciliación vida personal-profesional que, por ejemplo, a cuestiones más importantes, como la calidad del sistema educativo, la productividad o el absentismo laboral...
Nos preocupa cómo conciliar una jornada laboral de 1.800 horas (o menos según el sector) con las 8.760 horas que tiene un año normal. ¡Pero si trabajamos escasamente un veinte por ciento de nuestro tiempo! Y eso sólo los que tenemos la suerte de trabajar...
En este país, que lamentablemente nos amenaza con llegar a cinco millones de personas desempleadas, pronto empezaremos a tener que poner de moda el término "conciliación vida profesional-vida personal" sustituyendo al de "conciliación vida personal-vida profesional". Y es que muchos de los que van a tener demasiada vida personal, por la falta de empleo, van a necesitar conciliarla con la profesional.
Enfoquémonos realmente a resolver los problemas importantes.