Publicado el 17-02-2009 por Alicia Malumbres. Socia Directora de Desarrollo de Personas de Élogos.
Resulta envidiable el espectacular físico de la ministra francesa, y no es éste un comentario machista. Incorporarse a los cinco días de ser madre supone un estado de fortaleza física que, si se da por bueno el principio de mens sana in corpore sano, hace pensar que la salud de Dati es buena en todos los sentidos.
Las que sabemos el lío que sientes de cintura para abajo a los cinco días de ser madre y cómo te influye de cintura para arriba no podemos por menos de admirar el poder incorporarse en tan corto plazo. Debía de hacerse un benchmark.
El problema de la conciliación es muy diferente en función del nivel económico y sociocultural del que se trate. En los niveles bajos y medios, es un tema grave y se puede convertir en una cuestión de libertad de elección, con el sufrimiento personal que eso supone para la mujer y el hombre. Son los casos en los que las exigencias laborales exageradas y fuera de legislación llevan a tener que renunciar a ejercer el rol de madre o padre como a uno le gustaría, para poder hacer frente a sus necesidades económicas cediendo a la presión laboral. La legislación, la información, los apoyos y servicios sociales así como la transformación de la cultura empresarial, son imprescindibles en estos casos.
En los niveles económicos y socioculturales altos, al que pertenece Dati, el problema no es el mismo ni precisa el mismo tratamiento. No es un problema de elección ni de de libertad personal; seguro que encontraría otra manera de ganarse la vida si su trabajo como ministra fuera contrario a sus intereses vitales y personales.
¿Opinaríamos lo mismo de Dati si, en vez de incorporarse a su trabajo como ministra, se hubiera ido a un viaje al Tercer Mundo para paliar las muertes de mujeres en el parto? De pringada o workalcoholic pasaría a ser heroína solidaria.
Parece que lo que juzgamos no es el hecho de trabajar, sino el sentido del trabajo. No tenemos derecho a juzgar el sentido que tiene para alguien ser ministra. Teóricamente, la política también está al servicio de los demás, pero este es otro tema. El trabajo tiene que tener sentido para quien lo desempeña. En este nivel profesional no se trata de falta de libertad, sino de una reflexión personal e intransferible acerca de lo que significa el trabajo en nuestra vida. Y es en niveles altos donde más se habla de igualdad, de conciliación y pérdida de talento femenino.
¿Por qué esta bien visto interrumpir un embarazo no deseado como ejercicio de libertad personal y no lo está el dejar a tu hijo en manos de una enfermera diplomada o de una abuela? ¿Por qué una mujer no puede desear trabajar a los cinco días de ser madre? ¿Por qué una directiva no puede desear dedicar cuatro meses a conectar con su hijo? Ni la primera es mala madre, ni la segunda mala directiva. Cada una tiene su forma de ver la vida y vivir la maternidad, cada una tiene sus expectativas, sentimientos y proyectos vitales que nadie más que ellas conocen. Ya se ocuparán de hacerlo compatible y equilibrado, en un ejercicio de responsabilidad personal.
Conciliar es un derecho cuando atenta contra la libertad de elección. Conciliar es un trabajo de honestidad personal cuando no atenta contra la libertad de elección. Confundirlo lleva a incoherencias personales y empresariales.
En las grandes empresas nacionales e intenacionales, y en los niveles intermedios y altos, el problema es más de reflexión personal. Las medidas verdaderamente útiles tienen que ver con potenciar el autoconocimiento y la habilidad de crear un proyecto personal, además de con iniciativas de no reunirse a partir de las cinco de la tarde. En los casos en los que existan problemas de adicción al trabajo, o malas prácticas en gestión de personas o estilos directivos nocivos, estas iniciativas no hacen lo suficiente. No se debe hacer sólo lo "políticamente correcto", especialmente si no ayuda a solucionar los problemas reales hacia adentro. No se debe banalizar la conciliación ni interpretarla superficialmente desde un modelo masculino.