Rafa Vs Roger
El corazón está en la cabeza

Publicado el 05-02-2009 por Alicia Malumbres, socia directora de desarrollo de personas de élogos

Roger Federer era un icono del control emocional, de la frialdad, de la técnica impecable, una "máquina" del mejor tenis. Hasta el pasado domingo. La emoción que tan bien controlaba se desbordó y le desbordó.

Seguro que le suena la frase "en ésta casa chorradas las justas" o "no me distraigas a la gente del negocio…". Es una frase común en conversaciones referidas a cómo mejorar la gestión de personas, la motivación, la responsabilidad de los mandos en el desarrollo de sus equipos, generar talento o aumentar la productividad o la creatividad. Y se dice con el corazón en la mano, sin ninguna mala intención o desprecio. Muy al contrario se pronuncia con la intención de "centrarse" en hacer lo mejor para los resultados de la empresa, desde la experiencia de años de profesión y conocimiento del negocio y la cultura.

Roger Federer nos sirve de ejemplo. Un icono del control emocional, de la frialdad, de la técnica impecable, una "máquina" del mejor tenis. Todos los tópicos se le han aplicado: preciso como un reloj suizo, duro como el diamante, engranaje calculado al milímetro, imposible arrugarlo o despeinarlo ¡incluso después de un partido durísimo parecía recién salido de la ducha¡ Impecable, eficacísimo.

Hasta el pasado domingo. La emoción que tan bien controlaba se desbordó y le desbordó. Esas "chorradas" de la emoción y los sentimientos le hicieron llorar como a un niño, exponiéndole a opiniones positivas y negativas, y en cualquier caso exponiendo su imagen y años de trabajo en un momento profesional clave. Rafa Nadal, desde su humildad, y profunda generosidad hacia el adversario, quiso imprimir un aspecto de voluntariedad a la situación, que la dignificaba "no le importa llorar, es un fuera de serie". Pero incluso los que nos emocionamos al verle humano, e inmediatamente sentimos una enorme simpatía hacia él nos acabamos revolviendo en el asiento, incómodos .ante su dificultad para controlarse: estaba lejos de parecer un fuera de serie que voluntariamente optaba por expresar su emoción.

Y es que no es lo mismo controlar las emociones, que gestionarlas. Gestionar el impacto de nuestros deseos, creencias, sueños, expectativas en nuestro trabajo exige no dejarlas al margen. Exige atender a esas "tonterías" que asociamos, erróneamente, con el corazón. En teoría lo sabemos, pero en la práctica tenemos que superar el tópico de que al corazón no hay que hacerle caso. En realidad es no hacer caso a una importantísima parte de nuestro cerebro, el órgano que nos dio y nos dará la ventaja competitiva si no lo usamos solo parcialmente.

Nacho Martínez, antropólogo del equipo de Atapuerca, explica como nadie las claves de hacernos humanos y las diferencias con el resto de los homínidos. Una de ellas consiste en que nuestro sistema digestivo es mucho más pequeño que en cualquier otro homínido; ese ahorro de energía en los órganos digestivos lo usamos para desarrollar el tamaño de nuestro cerebro.

Así que los humanos no hicimos de tripas corazón, sino de tripas cerebro.

La eterna disquisición filosófica entre sentimiento y razón, se ha simplificado en exceso, ayudada por la fuerza gráfica del icono del corazoncito rojo, colocando en el corazón elementos que forman parte de nuestra inteligencia. Y en ese espacio rojo dejamos, desterrados como cursiladas, los sentimientos, las emociones, los sueños, las creencias, los deseos…

En situaciones demandantes, si no has aprendido a gestionarlas, las dificultades sentimentales pasan factura a nuestra inteligencia y afectan incluso a los hábitos motores mejor entrenados. Lo mismo ocurre en nuestras empresas. En la inteligencia de las organizaciones, y en la puesta en marcha de los procesos operativos mejor diseñados, también influyen las deficiencias sentimentales, y vaya si pasan factura.