Publicado el 19-12-2007 por Noemí Gómez / Barcelona.
La movilidad, la conectividad, una arquitectura a medida y una política de mesas limpias son los ejes de la sede que Indra inauguró hace un año en Barcelona. Cualquier documento que llega al edificio se escanea y se tira.
Entrar en el edificio de Indra en el distrito tecnológico 22@ de Barcelona es como adentrarse en un mundo surrealista (al menos para cualquier persona que pertenezca al gremio periodístico). En sus oficinas, está prohibido dejar cualquier papel encima de la mesa y esta regla se cumple a rajatabla.
Cualquiera que ose saltársela se encontrará al día siguiente su mesa más limpia que la patena. Aunque, eso sí, el papel en cuestión podrá recuperarlo solicitándolo al vigilante de seguridad que todos los días a las 10 de la noche se pasea por las oficinas para recoger cualquier papel a la vista.
Como casi todas las plantas son diáfanas y no existen mesas ni despachos en propiedad, sino que cada uno se sienta donde puede, tampoco está permitido poner las típicas fotos familiares o las plantitas que ayudan a superar las largas jornadas de trabajo. Para evitar tentaciones, los pocos despachos que existen para altos directivos se han diseñado sin puertas, ni armarios, para los trabajadores que no puedan dejar rastro alguno. La única licencia son unas taquillas que cada empleado tiene para guardar sus objetos personales bajo llave.
Josep Maria Vilà, director general de Indra, asegura que, en este edificio, que inauguraron hace un año y que da servicio a mil personas, han querido investigar nuevas formas de trabajo. "Buscamos movilidad y, para ello, la información tiene que estar ubicua, en la red y no soportada en papel". Vilà añade que "cuando llegamos al edificio, digitalizamos todo y tiramos 14 toneladas de papel. Y, ahora, cualquier papel que entra en la oficina se escanea y se tira".
Otro de los aspectos en los que se basa este edificio moderno y lleno de luz es la conectividad, mediante portátiles y sistemas de conexión inalámbrica WiFi. Por último, destaca la arquitectura del edificio. Vilà afirma que "no hay propiedad de espacios, sino que te sientas en el sitio más adecuado".
Un cambio tranquilo
Aunque pueda parecer un cambio traumático, Vilà asegura que a la gente no le ha costado acostumbrarse: "La adaptación duró tan sólo quince días". El balance de este primer año ha sido muy positivo hasta el punto de que esta fórmula de trabajo, que nació como una prueba piloto para todo el mundo desde Barcelona, se extenderá a más lugares. Es el caso del nuevo edificio de Indra en Torrejón (Madrid) o el que se está construyendo en la Ciudad Condal.
En este último, justo al lado del que se inauguró hace un año, se alojará la plantilla de Barcelona de las consultoras recientemente adquiridas Soluziona y Azertia. En España, sólo la sede de Telefónica en Madrid tiene un funcionamiento similar, según Indra, aunque parece que se avecina una tendencia. Por eso, nunca es un mal día para empezar con una limpieza a fondo de las pilas de papeles, informes y libros que se suelen acumular en los despachos.