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"Un buen empleado debe ser proactivo y asumir retos"

Publicado el 05-09-2007 por Carlos García-León / Madrid.

Paco Muro, uno de los mayores expertos españoles en management y autor de varios libros, explica cuáles son las claves para ser un buen profesional y un buen jefe, cómo retener el talento en las organizaciones y la forma de conciliar la vida personal y profesional.

¿Cuáles son los valores indispensables que debe tener cualquier profesional?
Entender la calidad y el trabajo bien hecho como algo natural, adaptarse y evolucionar a diferentes culturas, puestos, proyectos y circunstancias. Al mismo tiempo, tener capacidad de relación con los demás, voluntad de ganarse, por su forma trabajar, el respeto profesional de los compañeros, de los jefes y de los clientes (y de su equipo si es jefe), junto con un permanente espíritu de aprendizaje y cumplimiento de compromisos.

¿Cuáles son las condiciones necesarias para ser un buen empleado?
Siempre y cuando tenga un jefe correcto, hay que ser leal al proyecto, ayudar al superior comentándole lo que se debería mejorar, ser proactivo y asumir tareas y retos hasta el final; no generar conflictos ni participar en “pasilleos negativos” y esforzarse en ayudar a que se mantenga un buen clima en el equipo. También hay que preguntarse sin temor lo que se desee saber y tener la iniciativa para resolver los temas por sí mismo.

¿Cómo se convierte un profesional en un buen jefe?
Tratando de ser el jefe que le hubiera gustado tener y aprendiendo cada día de lo bueno y lo malo que ve hacer a otros superiores. Además, debe formarse para entender los secretos de la dirección. Es necesario aprender a tratar a las personas y ser consciente de la influencia que ejerce desde su puesto, donde cualquier gesto va a ser interpretado. Como consejo universal: ser siempre respetuoso con todos, pensar antes de hablar y medir cada una de las actuaciones.

¿Cuáles son los principales defectos de los líderes actuales?
No controlar sus emociones ni saber actuar en función de las de los demás. A menudo el cargo se sube a la cabeza y se pierde el espíritu de aprendiz. También es muy común asumir que al ser jefe se debe resolver todo y no se cuenta con el equipo, convirtiéndose en el freno del grupo. Tampoco se puede consentir que permanezca en el equipo alguien que claramente es inadecuado, para evitar tener que afrontar el problema. Por último, hay muchos que descuidan la comunicación con su equipo, tanto en grupo como individual, olvidando que es una de las facetas esenciales que más deberá desarrollar y cuidar.

¿Cómo se gestiona el talento potencial y real en las organizaciones?
Lo primero es detectarlo. A los empleados más valiosos de una compañía, los que denominamos “rotación no deseada” por ser trabajadores excelentes que representan de forma ejemplar la cultura y los valores de la compañía; éstos deben ser identificados para realizar un seguimiento especial y un sistema de incentivación personalizado que fomente su permanencia entusiasta. La clave puede estar en un cambio de puesto, mantenerles el horario, más salario, menos viajes, más responsabilidad, etcétera. Cada persona es diferente. Tan importante es salvaguardar a los que suman como apartar a los que restan.

¿Cuál es la mejor manera de motivar a los empleados?
Hay que tratar de alcanzar, y mantener, el mayor nivel de motivación posible en un entorno de exigencia. Para ello todo el equipo debe sentirse bien tratado. También es importante que piensen que el trabajo que cada uno hace tiene sentido. Debe haber una percepción generalizada de logros y de nuevos retos y respetados por sus jefes. Hay que evitar las injusticias y cuidar en extremo la comunicación de calidad. Además, no se debe permitir que alguien que no quiere respetar la cultura y criterios de la empresa se dedique a minar la moral de los demás generando mal ambiente, sea jefe o empleado de base.

¿Cómo se concilia la vida personal y profesional con los horarios de trabajo que hay en España?
A la empresa le debe importar el bienestar de las personas que viven en ella. Para lograrlo, se debe cuidar que todos sepan que cuentan con el respaldo de la compañía para atender problemas familiares o personales puntuales, o que se buscan formas para hacer más compatible las obligaciones familiares y las laborales. Esto parte de un compromiso mutuo de dar calidad en el trato y flexibilidad a los profesionales a cambio de un altísimo rendimiento y alineamiento con el proyecto empresarial. Sólo con ambos compromisos es posible mantener las políticas de conciliación y flexibilidad con la competitividad que garantice la supervivencia de la organización.

¿Cuál es el orden de preferencias en nuestro país para buscar, cambiar o mantenerse en un puesto de trabajo?
En términos generales hay dos factores que permanecen siempre entre los principales para seguir o no en un trabajo: la calidad de la relación con el jefe directo y el ambiente de trabajo entre compañeros. Al margen de esto en función de la edad y la situación personal las cosas van cambiando. Cuando uno es joven desea un trabajo para aprender, ganar dinero y empezar a desarrollarse. No es tan importante el horario, ni el sueldo o si se viaja mucho o poco, sino si puedes aprender y si existe crecimiento profesional. A partir de los treinta los empleados empiezan a formar familias y cambian las prioridades: los horarios, el estatus alcanzado o el sueldo. La necesidad de poder llevar el nivel de vida al que se aspira va siendo cada vez más esencial. A los 40 se ha alcanzado la especialidad profesional y unos quieren alcanzar puestos de dirección, otros consolidar sus trabajos y ahora empieza a pesar más la coherencia del proyecto de la empresa. A los 50 se desea estabilidad, respeto y un proyecto ilusionante.