Jornada intensiva: ¿menos es más?

Publicado el 13-06-2006 por María González de Paz / Madrid.

Llega el calor, y las empresas comienzan a reducir los horarios como medida para compaginar vida profesional y personal.

Hace treinta años, el calor hacía muy difícil trabajar durante los meses de verano. En España siempre se ha dormido la siesta, y la jornada intensiva nació para hacer más llevaderas las altas temperaturas. Hoy, el aire acondicionado dulcifica las horas en la oficina, pero las empresas siguen manteniendo la jornada intensiva durante la época estival.

Se trata así de conciliar la vida personal con la profesional. Pero no es ésta la única razón por la que las oficinas quedan desiertas en las tardes de verano. Durante esta época, lo normal es que baje el volumen de trabajo. La jornada intensiva coincide, en la mayoría de los casos, con las vacaciones de los clientes. Ignacio Mazo, director de People Matters, asegura que “aunque la actividad empresarial se reduce durante el verano, se va notando menos esta reducción. Las empresas reparten, cada vez más, las vacaciones a lo largo del año”. Aun así en los meses de calor se mantiene la jornada intensiva, para hacerla coincidir con las vacaciones escolares. De esta forma, se puede disfrutar de más tiempo para estar en familia.

La jornada intensiva no tiene por qué producir efectos negativos. Según Mazo, la flexibilidad en el horario de trabajo “hace la empresa más atractiva”. Esto repercute favorablemente en el ambiente de las compañías y mejora el rendimiento. Para el director de esta consultora de recursos humanos, lo más importante no es cuánto tiempo pasa una persona en su puesto de trabajo, sino “lo que realmente produce”. Mazo sostiene que quienes han trabajado en el extranjero dicen que en España se pierde mucho tiempo saliendo a tomar café o a fumar un cigarrillo. Para él, “lo importante, en realidad, es el cómputo anual. Se podrían computar las épocas de más trabajo por los momentos en los que hay menos volumen de actividad”.

Horario y productividad
Un estudio sobre Competitividad y relación laboral en el siglo XXI, elaborado por el Instituto de Empresa, señala que la percepción de flexibilidad del entorno de trabajo se relaciona con la productividad de los resultados y no con una dilatada jornada laboral. Añade que “a pesar de que los conceptos de empresa flexible y equilibrio entre vida profesional y vida privada ya están entrando con fuerza en las organizaciones, el tránsito de trabajar más a trabajar mejor debe ganar protagonismo en los debates actuales sobre productividad, tanto desde la gestión pública como de la empresarial”.

Gayle Allard, profesora de Macroeconomía en el Instituto de Empresa, ha colaborado en la elaboración de este análisis. Afirma que “en España se trabaja el mismo número de horas que en Estados Unidos, pero la productividad es menor. La reducción del horario no tiene por qué perjudicar a las empresas. Muchas veces la mayor productividad va unida a una jornada laboral más flexible”.

Hay empresas que recurren a la jornada intensiva en verano para compensar el esfuerzo realizado durante el invierno. Otras, como MRW, la han extendido a todos los meses del año. Sus empleados trabajan de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. Silvia Vilchez, directora de relaciones corporativas de la compañía, opina que “cuando alguien sabe que le quedan diez o doce horas por delante, se relaja. Aquí, sabiendo que salen a las cuatro trabajan al doscientos por cien desde el primer minuto”.

En contra
No todos comparten esta opinión, y es que hay quien piensa que, cerrando por la tarde, se puede llegar a perder un diez por ciento del negocio. También los hay que protestan porque, en España, “se tiene la idea de que en agosto cierra todo y que, en junio y julio, se trabaja a medio gas”. Así se expresa José Montes, presidente y director general de la consultora Tea Cegos, que opina que “de ocho a tres, objetivamente no se trabaja lo mismo que con horario partido”.

En esta misma línea se pronuncia Luis Hidalgo, director de recursos humanos de Tibbet & Britten Iberia. En su opinión, los clientes “no pueden llamar a las cinco de la tarde a la oficina para resolver un problema y encontrarse con que los de la central estamos en la piscina”. También hay quien piensa que sería bueno para la economía española que las industrias y servicios distribuyeran más las vacaciones a lo largo de todo el año para converger con los hábitos de otros países, como Alemania y Estados Unidos.

En marzo de este mismo año, la CEOE envió a sus afiliados una circular sobre Criterios para la negociación colectiva 2006. En ella, CEOE respondía a la llamada del Ejecutivo para que las empresas redujeran el tiempo de trabajo siguiendo un modelo europeo. La patronal consideraba que no era serio decir que la jornada laboral en España fuera una de las más largas de Europa, tal y como afirmaba el ministro de Trabajo, Jesús Caldera, y el de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla.

La confederación cree que, para reducir la jornada, es necesario reforzar la productividad. CEOE recalcaba que los trabajadores españoles tienen más horas de las necesarias para comer. Según la confederación, esta circunstancia, junto a otras más específicas, reducen el tiempo de trabajo neto en cómputo anual más que en otros países de la Unión Europea. En la circular se destacaba que España encabeza la clasificación europea por número de días festivos: catorce, teniendo en cuenta fiestas nacionales y autonómicas. CEOE recordaba en marzo que los días festivos en España son cuatro más que el promedio de la Unión Europea, y cuatro y medio más que el promedio de los nuevos socios.

Además, subrayaba que nuestro país se encuentra a la mitad de la tabla de los Veinticinco en cuanto a la jornada laboral máxima diaria ?nueve horas?, y también lo está con respecto al tiempo semanal de trabajo ?38’5 horas?.