Trabajo-familia: el equilibrio es posible

Publicado el 27-04-2005 por Tino Fernández / Madrid.

Lo que han de hacer hombres, mujeres y empresas para mejorar la conciliación laboral y familiar.

¿Es el trabajo una maldición? Los resultados de numerosas encuestas revelan que un 70 por ciento de los trabajadores se siente satisfecho con su ocupación, y más de un 60 por ciento seguiría trabajando si tuviese el dinero suficiente para vivir. Esto último depende de los países: en Japón, un 93 por ciento y en España, un 50 por ciento. Parece claro que el trabajo genera desequilibrio, pero el desempleo provoca aún más, y en lo que casi todos coincidimos es en la necesidad de equilibrio, entendido éste como la satisfacción y armonía entre trabajo y vida, con el nivel mínimo de conflictos entre roles.

Algunos tratan de definir indicadores objetivos del equilibrio, como "no más de 48 horas semanales dedicadas al trabajo"; "dos horas semanales de deporte"; "30 minutos diarios de lectura"... En el fondo, estamos hablando de un indicador subjetivo, y cada uno elige su propia receta de equilibrio.

Compartir puestos de trabajo a tiempo parcial; el tiempo flexible; los periodos sabáticos por maternidad, estudios u ocio; el teletrabajo; la flexibilidad de vacaciones o los permisos especiales por circunstancias familiares graves son sólo algunas de las medidas que muchas compañías implantan para compatibilizar la vida familiar y profesional, una tarea que, según los expertos, no puede limitarse a poner parches, sino que debe incluir el rediseño de una política de empresa coherente. A esas iniciativas se une el alargamiento transitorio de trabajo para recuperar tiempo libre concentrado y aprovechar desplazamientos; los beneficios sociales, o los complementos a estos servicios, como las guarderías, las compras y el asesoramiento legal o financiero.

En esta búsqueda del equilibrio, seis profesionales de tres generaciones diferentes exponen sus ideas acerca de lo que han de hacer hombres, mujeres y empresas para mejorar la conciliación de la vida laboral y familiar. Todos ellos pertenecen al Observatorio de la Empresa Flexible, una iniciativa que pretende integrar los diferentes puntos de vista para reorientar el debate del equilibrio profesional y personal.

Pachi Lanzas, socio director de Intermedia, asegura que "aún hoy, las mujeres no han sido capaces de decidir qué tipo de vida quieren llevar. Pasan los años y de los padres mayores se siguen haciendo cargo las hijas, de los hijos se siguen haciendo cargo las madres. El mundo cambiará el día en que el hombre, al llegar a casa, en vez de preguntar ‘qué hay de cena’, pregunte, ‘qué quieres cenar hoy’".

Con la perspectiva de que hay que atacar la diferencia de roles hombre-mujer desde el punto de vista educativo, Begoña Morales, directora de Comunicación Interna de Soluziona, cree que la utopía que formula Lanzas choca con la educación recibida por los hombres, formados en una cultura anterior muy difícil de romper o transformar. "Los hombres han de respetar nuestras ambiciones profesionales y de desarrollo, y favorecer un modelo educativo único para nuestros hijos".

Beatriz Herrero, jefa del Servicio del Cuerpo Técnico de Auditoría y Contabilidad está convencida de que "las mujeres podemos conciliar bastantes cosas, porque nos hemos estado entrenando durante muchos años. Creo que el que pierde en esta carrera, tal y como están las cosas, es el hombre. Si el planteamiento de hoy es que la mujer es la madre que educa a los hijos, el ama de casa... El hombre se pierde a sus hijos, en lo que a él le aportan; su tiempo libre habrá sido limitado. Y al final, cuando todo el mundo se jubila, la profesión es casi una anécdota en la vida, y habrán tenido parte de su vida mutilada, y por tanto es malo para ellos. Hay que cambiar la educación, igual que hay que cambiar los horarios de trabajo y los modelos de sociedad".

Por su parte Javier Cantera, presidente del Grupo BLC, reprocha a muchas mujeres el que muestren un "modelo de hombre". En el camino del desarrollo en las empresas, "el mayor machismo que yo he visto muchas veces lo he encontrado en mujeres que no aceptan en un momento dado el argumento de igualdad, porque viven instaladas en un modelo trasnochado, que es el de la competitividad".

Cantera añade que los hombres se han de reeducar y reinventar, pero también las mujeres, en los diferentes papeles y roles. "La sociedad se cambia con la transformación de roles de uno y otro, y quien tiene que perder en esta batalla es el hombre, porque tenía ya muchas cosas ganadas".

Jaime Pereira, director de Rcursos Humanos de Man-power, coincide con Cantera en que muchas veces las mujeres son más duras y exigentes que los propios hombres, y subraya que ambos desempeñan dos papeles distintos, con misiones comunes y complementarias. Para Pereira, "la vida es una balanza de equilibrios y si en un momento determinado eres padre y trabajador, tienes dos profesiones". Javier Cantera añade que "el problema es la gente que no cambia, que se vuelve alcohólica del trabajo y que a pesar de que ve que no está educando a sus hijos o que no tiene tiempo para otra cosa, no sabe salir de esa rueda. El ser humano debe habituarse a reorientar su vida profesional".

Pilar Gómez-Acebo, presidenta de la Federación Español de Mujeres Empresarias y Directivas, asegura que "el modelo masculino está en crisis" y recuerda los estudios realizados en países como Estados Unidos acerca de las etapas de jubilación y prejubilación. "Los estadounidenses han comprobado que los jubilados de oro salían carísimos al Estado porque costaban mucho en atención médica y psiquiátrica y generaban enfermedades que no existían en el momento de jubilarse".

Existe una ‘cuenta corriente emocional’, y se llega al final de una vida profesional con un déficit tal que se paga psíquicamente. Muchos directivos me dicen que han dado toda su vida a la empresa, incluso el tiempo de sus hijos. Y eso era en lo que había que invertir y no en otra cosa...
Gómez-Acebo se muestra en contra de usar la medida como sistema de apartheid femenino. "Yo no estoy muy de acuerdo en justificar todo esto en la medida. Medir es gestionar mínimos, y la persona es el máximo".